Susín

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Los cambios acaecidos en algunas de estas iglesias a lo largo del tiempo se pueden contemplar en esta. El ábside y los muros que lo unen con el resto de la nave pertenecen a la primitiva iglesia, principios del siglo XI. La cabecera responde al modelo serrablés. El ábside se cubre con bóveda de horno; en el exterior aparecen los temas clásicos, a saber, friso de baquetones y arcuaciones murales.

Pero en el templo se observan signos de una construcción anterior, quizás hispano-visigótica. Tales señas son los veintiún sillarejos con motivos incisos, que pos su colocación desordenada señalan una reutilización del material.

De su construcción original prácticamente no resta nada, pues incluso el interior del ábside ha sido ocupado por la escalera de la torre, razón por la que se construyó un presbiterio lateral. Unicamente se conserva en el muro meridional una bonita ventana doble de arcos de herradura, con columna central y enmarcado en un arco de medio punto que, a su vez, lo está en un alfiz.

La decoración de su ábside la componen cinco arcos ciegos de medio punto descansando sobre seis lesenas y sobre ellos una moldura que, tras una hilada, lleva al friso de baquetones y las dos hiladas sobresalientes a titulo de cornisa para el tejado.

En 1633, se concedió a esta iglesia una capellanía, que suponía la presencia de un párroco permanente. Esto motivó una serie de transformaciones que acabarian en el siglo XVIII, cuando se reorientó el templo.

De entre su decoración cabe destacar a los "Llorantes" o "LLorones" de Susín. Son un fragmento superviviente del retablo pictorico románico, principios del siglo XII, que lucía la iglesia y que para su conservación se trasladarón al Museo Diocesano de Jaca en el 1966.

Alguna de las pinturas se atribuyen a un discipulo del Maestro de Taüll.